Al calor del Metro

julio 20, 2010 por
Categoría: Protesta, Sin categoría 

19:30 de la tarde. Calor sofocante en Madrid y camino del Metro. Lo que debería ser una isla en el subsuelo de Madrid es más bien un infierno. Según bajas los escalones recibes la primera bofetada de humedad para que te vayas acostumbrando. Resoplas como intentando cojer aire antes de pasar los torniquetes. Vamos a ello, tu puedes, valiente, que eres un valiente, piensa en los que están poniendo ladrillos a pleno sol anda. Según vas bajando las escaleras camino del anden te das cuenta que te debes estar acercando al nucleo de la tierra, mientras, piensas que todo esto de la huelga no ha sido más que un carrete de distracción para que pensaramos que el calor manaba de la gente acumulada en los andenes. El ahorro real que buscaban viene del aire acondicionado que no ponen. Llega el metro y los abanicos no paran de mover el calor de un lado para otro. Dentro del vagón no se está mejor, las ventanas abiertas hacen que la sensación de derretimiento extremo sea menor, son solo un par de paradas y estoy fuera, creo que lo puedo aguantar sin desmayarme otra vez. Ya está. Camino ahora de la temida línea seis, que por algo la pintaron de gris. Da gusto ver el brillo que toma el rostro de la gente aquí debajo, si apagan la luz ahora pareceríamos una panda de Gusi Luz andando por los pasillos. Me cruzo con un chavalito vestido de traje de lana y corbata, y el jodio no suda ni se quita la chaqueta, para que luego digan que no han llegado los extraterrestres a la tierra. El calor ya es insoportable, imagino conductos que extraen el calor de otras líneas y que se pierden entre los rincones del suburbano para morir en esta línea. Más de cien personas esperando en el andén y todas pensando en lo mismo, que no somos muy diferentes de los corderos. Asumimos el calor como merecido y nos callamos mientras bajamos la cabeza para seguir abanicándonos. En el fondo tenemos que dar gracias por todo, somos afortunados, los que se pueden permitir el lujo de viajar en coche con el aire acondicionado y se pueden permitir pagarle el parking al ayuntamiento viajan solos. Nosotros compartimos sufrimiento y tenemos el mejor metro del mundo, pero sin aire acondicionado. Llega el metro y una bocanada de aire caliente lo antecede por el tunel. Ya voy contando las estaciones que me quedan para salir antes de subirme. Si quieres hacer amigos subete a la seis, te molesta hasta que te rocen la espalda por intentar agarrarse para no caerse, ¡Señora!, gracias a usted acabo de ser consciente del sudor de mi espalda, ¡Eh tu!, no nos conocemos tanto como para intercambiar fluidos todavía, ¿te he pedido yo que respires?. Salimos y la fiera se queda dentro. Plaza Elíptica. Un aire acondicionado para que el que vende los tickets pone la guinda. Algún lumbreras puso la máquina de condensación mirando para la estación por lo que mientras el semifuncionario trabaja en unas condiciones más o menos adecuadas, el resto nos tragamos el calor generado por el aparato. Para que molestarse en sacarlo a la calle, si aire acondicionado hay, pero montado al revés, para adentro. Son los peores cincuentra metros del trayecto. Te enfrentas a ese último pasillo con ganas de volverte para atrás y coger un Taxi de los que van sin aire acondicionado y con las ventanas cerradas. Cuando sales el sol hasta te parece que enfría, y después el coche. Con lo a gusto que se iba en el transporte público.

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