
Lo que me faltaba por oír. Resulta que a Merkel, la canciller Alemana no le gusta que la toquen, ni tampoco la proximidad, como buena Alemana y protestante ella y mucho menos si el que lo hace es el melosón de Sarkozy que debe ser más pesado que una Lapa en Agosto y en vez de decírselo directamente como lo haría cualquier persona normal del mundo se queja a través de la embajada Alemana en París, para que le manden el recadito. El mundo desaciendose como la mantequilla y estos dos preocupados por los arrumacos, si lo que yo te diga, acabarán quejándose de que a este le huelen los piés y de que el otro es un gorrino en la mesa.
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